El año acaba de empezar y ya tienes tareas pendientes. Igual que en 2013. Y en 2012. Y también en 2011… Cada año llegamos al 1 de enero con una lista interminable de propósitos para mejorar. Son siempre los mismos porque por mucho que repitamos la lista, raramente la cumplimos. De ser así las empresas de comida basura ya habrían cerrado, tampoco existirían las tabaqueras y habría aumentado el número de gimnasios para hacer frente a tanta demanda.
La realidad es que, según el psicólogo Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, solo el 12% de las personas cumplen con sus objetivos. De hecho, cuando los elaboran, solo la mitad creen que los van a lograr.
Si nueve de cada diez personas fracasan es porque no sabemos cómo realizar el dichoso inventario de Navidad. No es que no haya que hacerlo: se trata de evitar caer en ciertos errores.
1. PROPONÉRSELA EL 1 DE ENERO
El día 1 de enero no es el día ideal para empezar a mejorar. Seamos sinceros: nadie se levanta para ir a correr después de haber pasado la noche de fiesta y muchos empiezan el año desayunando chocolate con churros, y eso tampoco podríamos decir que sea una dieta sana.

No debemos fijar el inicio en el 1 de enero. Ni tampoco el 2, ni el 3, ni siquiera el 4. Elena Borges, psicóloga del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, asegura que hay que empezar cuanto antes aunque en este caso es mejor dejarlo para el día 7, cuando las fiestas hayan terminado y nosotros volvamos a la rutina. Como señala la también psicóloga Blanca Armijo, del centro Psicoact, "la vuelta de las vacaciones es un momento de cambio hacia la estabilidad".