El
abogado de la empresa no sabe de cuentas, pero sí de cuentos
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Quizá
no os hayáis dado cuenta, pero en TUZSA-AUZSA trabajábamos
sopocientos mil empleados, echándolo corto, y por eso sobrábamos
153 compañeros. Lo ha dicho en el Tribunal Superior de Justicia de
Aragón una eminencia matemática internacional de tanto renombre
como es el abogado que defiende a la empresa en este empandullo de
despidos injustificables en el que se han metido ellos solitos: Don
Arturo Acebal. Antes respondía cuando sólo le llamaban Arturo, pero
esos eran otros tiempos, días de menos corbatas y cenas de cinco
tenedores; cuando era, posiblemente, el mejor abogado que alguien
injustamente despedido podía encontrar (y por poco dinero).
En
este juicio le tocaba otro papel. A falta de argumentos sólidos en
los que sustentar cualquier defensa viable, el abogado de la empresa
optó por aburrir a los presentes en la Sala de lo Social del
Tribunal Superior de Justicia de Aragón; sólo le faltó regalar
almohadas para ganarse el favor del respetable medio adormilado por
tanta cháchara sin sustancia. Y le sobró medio silogismo, que él
sabrá si venía a cuento porque el resto preferimos palabras menos
eruditas y más próximas a la verdad.
Miente, que algo queda
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Y
es que mintió hasta el infinito y más allá, incluso en lo más
básico: los datos. Los retorció de tal forma que llegó a asegurar,
sin que se le cayese la cara de vergüenza, que nada de excesos de
horas extras (cuando todos sabemos que hay años, como el pasado, de
33.000 y otros de más de 100.000), que “tocaban” a 26,3 horas
por trabajador y año; y punto pelota. ¡A nosotros nos lo va a
contar el picapleitos! Porque él, en cuestión de volantes, sabrá
mucho de las puñetas blancas que adornan las mangas de algunas
togas, pero ésas no sirven para conducir un “gusano” por el
camino debido. ¡Hasta llegó a afirmar que “subrogar” la
plantilla no es lo mismo que mantener todos los contratos!
Y
el gerentísimo de la empresa, el ahora cuate Manuel Ramo, no le fue
a la zaga. Ahí estuvo, todo cuajo, declarando que la propuesta del
Ayuntamiento no podía ser tomada en consideración por la empresa
¡porque no había constancia por escrito! En fin…
La concejala, en su sitio por fin. Los compañeros despedidos, en su sitio como siempre
Por
una vez, y esperemos que para siempre de aquí en adelante, la
concejala Carmen Dueso estuvo sembrada: “Es un compromiso del
Gobierno de Zaragoza y no lo tienen el escrito porque no lo han
pedido”. Estuvo elegante con lo de la subrogación de los
trabajadores y recordó que los términos escogidos para la redacción
del pliego de condiciones eran los recomendados por los Servicios
Jurídicos municipales (se ve que esos abogados fueron a una facultad
de Derecho distinta a la de D. Arturo). Y razonó que la reordenación
de líneas, cierto es que supone menos kilómetros a recorrer pero no
necesariamente conlleva despidos. Ésa ha sido una decisión
exclusivamente de la empresa.
Lo
malo es que esa decisión ha supuesto colocar en la cuerda floja a
153 compañeros que en modo alguno lo merecían. Lo justo es
agradecerles su lucha y su paciencia mientras esperan que la justicia
se escriba con J mayúscula y llegue el momento de su reincorporación
al trabajo.
¿Quién se presentaría voluntario para perder 100 millones de euros?
Pero,
para rizar el rizo, la empresa contó con la inestimable ayuda de la
perito Camino de Villarreal (que es quien debería haber hecho honor
a su nombre y apellido y darse un garbeo hasta levante). No dudó en
darle la razón a quien le había pagado el informe (la empresa, cómo
no) y en augurar pérdidas de 43 millones de euros en el primer año
de explotación y de hasta 100 en los 10 años de duración de la
contrata.
Puestos
a ser ingenuos, ¿alguien nos puede explicar por qué demonios no
encargaron antes ese estudio? De haberlo hecho, ante la magnitud de
las pérdidas, ningún empresario en su sano juicio hubiese
presentado una oferta para esta contrata. Esta música no suena bien.
Alguien debería explicarle a los mandamases de TUZSA-AUZSA que los
violines no se tocan con un serrucho.
SECCION SINDICAL
Fuente: Csif-Tuzsa

