Los piratas de la prensa
Iñigo Sáenz de Ugarte
Euforia en el mundo de la cultura. Éxtasis en el periodismo. La crisis de la prensa –pilar de la democracia, el Estado de derecho y los buenos modales en la mesa– tiene por fin ante sí un remedio milagroso. Varios periódicos le dedican este sábado sus portadas. Nos hemos salvado. O mejor dicho, el Gobierno nos ha salvado de… (música de terror) ¡¡la piratería!!
Al final, era eso. Un mercado publicitario de 2.000 millones ha pasado a tener queconformarse con 600 porque Google News publica el titular y dos frases con un enlace al artículo original. Las empresas han tenido que despedir a miles de profesionales porque algunas webs publican resúmenes de prensa. Se acabó el “gratis total” sin el cual los lectores, arrepentidos, volverán en manada a los quioscos para hacerse con esas cabeceras que perdieron el año pasado 1,3 millones de lectores.
Para el nuevo director de El Mundo, Casimiro García Abadillo, la llamada tasa Google es el primer paso necesario para “evitar el hundimiento de la prensa por los piratas”. Eso mismo, los piratas. ¿La falta de adaptación al universo digital? ¿Los cambios de costumbre de los lectores? ¿La creciente falta de calidad en los contenidos y la cobertura de temas del corazón para subir las ventas en fin de semana? ¿La pérdida de capital humano en las redacciones? ¿Las inversiones millonarias fallidas, como las de Prisa en Sogecable y la de Unedisa con la compra de Recoletos, que han generado una deuda imposible de enjugar con los recursos propios?
No, nada de eso, son los piratas los que han provocado el hundimiento. Todo lo descrito en el párrafo anterior es sólo una mala racha.
Como el boxeador sonado con la cara cubierta de sangre que casi ya no puede ver, cuentan a su preparador que sólo necesitan un par de puntos de sutura para salir a ganar el combate.
Toda esta visión de la prensa como pilar imprescindible de la democracia pasa obviamente por el requisito previo de su independencia. Resulta difícil de aceptar esa importancia si los periódicos se limitan a ser el brazo propagandístico del poder político. Las empresas editoras llevan tiempo pidiendo ayuda al Gobierno, mientras algunas de ellas rechazan al mismo tiempo la intervención del Estado y las subvenciones a las empresas no productivas. Ahora ya están en deuda con el Gobierno, al igual que con los bancos, y nos quieren hacer creer que una limosna de Google, en forma de unas decenas de millones de euros al año para todos, les sacará de su crisis estructural.
Su problema, y el de sus lectores, es que el Gobierno no entiende de nada que tenga que ver con el concepto de “gratis total”. Tengan por seguro que se cobrará su deuda y con intereses. Los piratas que visten de traje son mucho más implacables que los que naveganen barcos con cascos agujereados.
Fuente: guerraeterna
